Hay regalos que se abren, se agradecen y se olvidan. Una gran botella española, en cambio, se descorcha en la mesa, acompaña una conversación y deja memoria. Decidir qué vino español llevar de regalo no consiste en escoger la etiqueta más llamativa ni necesariamente la más cara: consiste en reconocer la ocasión, anticipar el gusto de quien recibe el detalle y apostar por un origen que hable por sí mismo.